Las ferrocarril-estaciones maravillosas nunca nos producen abrigo más: los pasos largos nos aterrorizan. Para ir tan encendido a vivir estos minutos monótonos se debe todavía sofocar, estos desechos de siglos. Una vez que amáramos los días asoleados pasados del año, los llanos estrechos adonde la mirada fija de nuestros ojos fluyó como esos impetuosos rives de nuestra niñez. No sigue siendo nada pero las reflexiones ahora en las maderas repopulated con los animales absurdos, con las plantas bien conocidas.
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Patologia
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- Tengo celos de ese cigarrillo que fumás tan distraídamente-
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