De noche no se puede evitar el acercamiento de los cuerpos acomodados en la pulsación y el ritmo de las glándulas amorosas; compulsivamente las manos desenvuelven su labor reconocedora generando innumerables resonancias de energía en cuerpos que se amaron sin saber lo que era la pasión, conocida ahora con la certeza del que sabe el movimiento que habrá de realizarse; amor que sobrevive en el pacto de las células, sello que borra los años de entropía controlada; glandularmente extensos en su lisura, se rozan sin necesidad de desnudarse en el anhelo perfecto de un amor que sobrevive la aspereza del olvido voluntario ¿será que algo importaba más que un amor inenarrable? el desprecio a lo adquirido es lo que cuenta en las zonas de una mente que desea con Narciso caer en la laguna.
Hay ciertas glándulas amorosas que son como su nombre lo indica blandas, cálidas, suaves al tacto, perfectamente rojas o blancas, como pequeñas almohadas que se alojan en distintas partes del cuerpo y destilan un líquido vaporoso cuyo efecto es una sensación de autocontención amorosa por demás; como si se estuvieran besando las células unas a otras, toda una cadena corporal de besos que llena de alegría; no es en sí un amor narcisista, o de autocomplacencia, sino que se expande desde las células hacia el resto del cuerpo, y por allí se desborda al mundo que nos rodea; una revolución de besos celulares que amasa el cuerpo de distintas sustancias; y ya no serían las glándulas del amor almohadas, sino más bien bollos que al cocinarse en el propio cuerpo emiten un olor a pan horneado, como la carnosidad tibia y fresca del bebé recién nacido, no contaminada por los gases de la vida cotidiana; los bollos glandulares producen una renovación de los tejidos y desde allí determinan el proceso de percepción en el sentido de la emoción con que se recibe el estímulo; si el cuerpo está dispuesto por las glándulas del amor a tamizar los estímulos con olor a pan, entonces la percepción será más bien plácida, y las respuestas destilarán también las emanaciones de tibieza que se expanden entre las personas cuando huelen el pan horneándose; pero a la vez se desencadenará un proceso similar en los cuerpos de los que reciben el aromático estímulo...
Lila Zemborain-
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